Por el mundo de K, o los precarios supuestos
Estos viajes por los mundos de K. son auspiciados al 100% por sus razones y motivos. Lo cual resulta un fastidio porque sólo con plantear qué fue lo que quiso decir realmente, la réplica ya está montada. [Mis observaciones cuando no están resaltadas en itálica o negrita, van entre paréntesis rectos.]
Envestido [¿no sonaría mejor embestido?] como crítico perpetuo de las novedades de nuestro escueto Salón de julio, K. declara que el trabajo ganador del último salón “surge aparentemente de un interés por poner en evidencia los precarios supuestos sobre los que se asienta la noción de identidad nacional”. ¡Virgen santísima!, naturalmente nos gustaría conocer cuáles son esos precarios supuestos, y mucho más aún, cuál es la noción de identidad nacional. Si no, preguntad a Rodríguez
Esta declaración es “aclaratoria”. Leamos: “Mediante el uso de estampillas... Rodríguez resume en 24 imágenes varias anécdotas personales de sujetos que han nacido en fechas patrias, logrando potenciar la importancia de esos días como un ACTO DE INDIVIDUALIDAD EXTREMA que desborda las connotaciones cívicas de las referidas efemérides. Aclaración necesarísima pues hasta entonces estaba embarcado en el precario supuesto de que la planificación familiar era un asunto de papá con mamá, y que nunca garantizaba la fecha exacta de nacimiento. Como ya no es así, aparte del sexo del neonato, los padres podrán escoger qué efemérides es más o menos compatible con el talante deseado a fin de desbordar sus connotaciones cívicas. Si no, preguntad a Rodríguez
“La implicación queda clara entonces” –pregona K-: “la identidad nacional se conforma de un grupo múltiple, heterogéneo y colectivo de individualidades, más no de imaginarios impuestos desde la oficialidad [cuál].” Y, ¿cuáles son esos imaginarios impuestos? Por dios que este man escribe bacán. Amén de que “cualquier intento de resumir o concentrar la identidad de un país en referentes determinados es peligroso, más aún cuando los símbolos patrios continúan siendo erosionados [qué preocupante, ¿ah?: mucho más que la erosión de los suelos, el medio ambiente, la educación obligatoria y la canasta familiar] por su uso y abuso al interior de las retóricas sensibleras, proselitistas y hasta populistas que atraviesan continuamente la sociedad [para mí que K está contra Alvarito]”. Las preguntas caen al canto. Por favor, para no caer ni en peligros ni tentaciones, ¿desde cuando se está intentando resumir y/o concentrar la identidad del Ecuador en referentes determinados? ¿Será que es mejor no concentrarla, sino dispersarla en referentes indeterminados? Qué soledad, que impotencia la del individuo frente al uso y abuso de los erosionados símbolos patrios. Si no, preguntad a Rodríguez.
Siempre según K. “Rodríguez en cierto modo [¿en cuál?] intenta [?] invertir este proceso al privilegiar la micro narrativa personal –metafóricamente refiriéndose a una pluralidad de voces [¿se refiere a las enumeraciones dispares? Preguntadle a Borges]- por sobre la perpetuación de maneras monolíticas e INVULNERABLES de construir la historia [del salón de julio], para intentar derivar en imaginarios de nación que se construyan desde las bases de una pirámide social en lugar de que los mismos emanen desde su cúspide.” ¿Seguro que pensaste en todo eso, Rodríguez?
“De la pequeña escala de estas estampillas emanan aún más contenidos -en similares líneas- si contrastamos el formato íntimo de las mismas –sumado a su manipulación y recepción [¿cuándo?] forzosamente individual- ante la escala “heroica” de la pintura histórica tradicional, quedando revertidos así sus rudimentos [¿nada más?].” ¿Seguro, Rodríguez?
No en vano ganaste, ñañito.
